Menú Cerrar

El terremoto desde lejos, con el dolor de cerca

“Solo te quería despertar yo, para que sepas que la familia está bien, hubo un terremoto en Venezuela”. Ya habían pasado seis horas desde el desastre.

Ver y vivir la tragedia desde lejos es tener el corazón en varios sitios, es llorar en el supermercado, porque recibí la noticia de que no sobrevivió la sobrina de mi tía. Es llorar otra vez de alegría ante un video de un señor rescatado que parecía mi profesor, y llorar otra vez al día siguiente cuando supe que no era él.

Sé que no es mi culpa, sé que no es nuestra culpa. Es la consecuencia de una serie de múltiples decisiones mal tomadas, sumada a la fuerza de las leyes de la naturaleza: corrupción que se transformó en edificios enteros desplomados, en bomberos sin equipos, en hospitales sin insumos, en cierre del paso a rescatistas, en búsqueda de armas y de oro en vez de gente.

Pero igual uno está entre aquí y allá, con un océano de distancia mientras los ojos se llenan otra vez de polvo. Que no, que son lágrimas. Son lágrimas por el polvo y el dolor y los niños y las madres y los abuelos solos.

Vivirlo de lejos es que tu amiga te cuente que su mamá se tiene que ir del apartamento. Que una ahijada diga que sí, que está comprando insumos, que puede recibir los Bolívares a cambio paralelo, que amigos organicen donaciones minuciosamente y las lleven a centros de acopio. Mientras, uno está aquí, con el corazón allá y los dedos en el teclado, tratando de mantenerse fijos en la agenda del trabajo para no seguir retrasando los pendientes.

Vivirlo de lejos es hacer lo que se puede, es tratar de cuidarse los ojos de fallecidos, pero desear ver rescatistas celebrando que sacaron a uno más con vida. Es saber que ese “uno más” es el hijo de, el primo de, el hermano de, de amigo de… Mientras 10.000 bolsas de cadáveres van en camino.

Los venezolanos sí que sabemos hacer vacas. Los 8 millones que estamos fuera ayudamos a abastecer hospitales que tienen 27 años de abandono sistemático y progresivo. Los que están adentro removiendo escombros con las manos, levantando placas con las manos, sin guantes, sin tapabocas, pero con el corazón que late siempre por el otro. Así somos.

Desde cada rincón del mundo hay venezolanos que hoy nos sumamos a ese latido, a esa lágrima, a ese llanto, al abrazo. Desde acá cada foto y cada rostro es el de alguien que en algún momento nos cruzamos en la calle. Cada foto es un recuerdo de lo que perdimos, de la vista que no tendremos nunca más desde el avión, al regresar a Venezuela. Es un recuerdo de que el edificio, la playa, el club de la infancia ya no está. Que todo lo que hicimos allí, no se lo podremos mostrar ni vivir nunca con nuestros hijos.

Hoy el trasnocho es colectivo y es mundial. Por quienes siguen escarbando entre cemento y cabilla, quienes no paran de ir y venir con insumos, quienes comparten información, se ofrecen a ayudar, a traer, a llevar, a comprar eso que hace falta, a quienes montaron un hospital en Farmatodo y quienes montaron una plataforma de organización y ayuda porque querían hacer algo más.

Venezuela es el pueblo dándose la mano, siempre. Porque somos el país donde cualquiera es “mi amor”, donde el rescatista le saca risas a la que lleva días entre los escombros. Venezuela son las madres preocupándose por cuidar a los niños, es la sociedad civil haciendo lo que puede, como puede, porque el gobierno falló como nunca y estuvo ausente como siempre.

Y aunque aquí no nos estamos despertando a cualquier ruido, desde lejos tampoco dormimos tranquilos. Nos levantaremos de nuevo, pero no cometamos los mismos errores… Que los niños del terremoto no sean los futuros adultos de un deslave o de otra catástrofe.

Quienes nos fuimos estaremos físicamente lejos, pero solo estamos en las gradas haciendo porras, mientras ustedes salvan vidas en el campo.

Gracias por enseñarnos que la voluntad y el amor es más fuerte que el concreto, venezolanos.

Publicado en Blog, Opinión

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.